Desahogo # 10

Soy
El que todo calla,
El que se enreda al hablar,
El que nunca dice…
Lo que siente,
Lo que le agrada,
Lo que le desagrada,
Lo que piensa…

Quiero escapar,
Huir de mí,
Explotar…

Y que todo lo que guardo,
Lo que reprimo,
Lo que nunca digo,
Salga de mí;
Que todas las palabras fluyan,
Como fluyen mis lágrimas,
Que son el doloroso sustituto de mi voz,
Mi voz apagada,
Extinguida,
Opacada…

Algún día brillará,
Aunque sea por medio del último alarido de mi dolor,
Dejaré salir todo lo que quise decir y nunca dije,
Por miedo, por pudor, por timidez…

¿Qué importarán las palabras que emanen de un cuerpo agonizante?

Anuncios

Desencantamiento

Nadie en este puto lugar es especial, nadie aquí es imprescindible, todos en este espacio somos cuerpos canjeables… reemplazables.

Triste es aceptarlo, aceptar que no somos más que uñas, carne y huesos, materia… nada más, nada menos.

Y aunque quiera salir de esta condición, no podré hacerlo; inútiles son mis desesperados intentos de cambiar, por mucho que haga o deje de hacer, no podré salir, este cuerpo no me deja escapar, esta vida me ata…

Ni machos ni maricas; ni damas ni machorras

Se nos debería de enseñar desde nuestra infancia que el “deber-ser” masculino y femenino no son más que construcciones sociales, que no hay formas naturales de ser hombre o mujer, sólo son construcciones que nos destruyen. Construcciones que destruyen una parte de nosotros: mutilan lo masculino en la mujer y reprimen lo femenino en el hombre.

Naturalizaciones que fuerzan a las mujeres a ser débiles, delicadas y pasivas; y obligan a los hombres a ser fuertes, rudos y activos, aunque no quieran serlo, aunque en nuestras mentes fluyan impulsos que no conocen dualidades de ese tipo.

Dualidades represivas.

Deberían enseñarnos que dentro de nosotros pueden haber pensamientos “masculinos” o “femeninos” y que no hay necesidad de reprimir unos y exacerbar otros sólo por ser hombres o mujeres; que mostrar debilidad no nos hace menos hombres, que las mujeres no están hechas para ser madres.

Si se nos enseñaran esas cosas no habrían tantos hombres inseguros encerrados en su errada manera de ser masculino, machos, víctimas y victimarios del machismo; no habrían tantas damas acomodadas en los supuestos beneficios que les otorga el machismo; tampoco habrían tantos homosexuales ni tantas lesbianas, ya que no habría necesidad  de que hombres se identificaran como mujeres y viceversa si aceptaramos que todas las mujeres son mitad hombres y que todos los hombres son mitad mujeres.

Tocar fondo

Hay momentos en que se me vuelve necesario hundirme en el sufrimiento, hasta agotar mis fuerzas y mi aliento, hasta llegar al punto de perder el conocimiento, de alejarme de mi lado racional, y es que sólo así logro olvidarme del dolor que implica vivir, sentir, existir; luego, mis ánimos son atraídos a la superficie, donde me quedo flotando, dejando pasar los días, acumulando energías para poder volver a tocar fondo.