El hombre que odiaba al mundo — Shareny López

Es principalmente en la pudredumbre, en aquella en la que los gusanos brotan de la carne emitiendo el olor fétido con alma de muerte, cuando uno piensa en dar gracias. Suspirando de alivio por tener todo en su lugar, ambas piernas, ambos brazos y el mismo par de ojos que cuando nacimos bañados en la […]

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Emil Cioran I

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Promovidos al rango de incurables, somos materia adolorida, carne que aúlla, huesos roídos por gritos, y nuestros mismos silencios no son más que lamentaciones estranguladas. Sufrimos, nosotros solos, mucho más que el resto de los seres, y nuestro tormento, usurpando lo real, lo sustituye, de manera que aquel que sufriera absolutamente estaría absolutamente consciente, o sea que sería completamente culpable frente a lo inmediato y a lo real, términos correlativos al mismo nivel que sufrimiento y conciencia.

-Emil Cioran.

 

Cita:
Cioran, Emil, (1986 [1964]), La caída en el tiempo, Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona.