Respuesta

108 años después, le respondo a Inés Echeverría que sí, el nacimiento es más triste que la muerte…

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Morir en silencio

Cada día que pasa, una parte de mí muere silenciosamente, por descuido, por accidente o por placer. Dejo morir a mi yo interno, a veces intencionalmente, a veces por costumbre, a veces dormido. Es un impulso latente que no se extingue, y aunque quiera detenerlo no puedo. Es un instinto autodestructivo que no puedo reprimir, porque al hacerlo me daño. Dejarme fluir es dañarme, reprimirme es dañarme.

¿Qué hago? ¿Cómo escapo?

No quiero morir, no quiero vivir…

¿Entonces? ¿Qué queda?

Sólo morir por dentro, morir lentamente, morir en silencio…

Impulso

Mi alma se siente cansada, de sentir, de pensar, de existir, de sufrir…
Sufro sin motivos, sufro sin desearlo, sufro por costumbre…
Dentro de mí se aloja un irremediable impulso al sufrimiento…
Quiero reprimirlo, logro reprimirlo… pero solo temporalmente.
Luego mi mente se cansa de evadir lo inevitable…

Desilusión # 2

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Ya no espero nada de este mundo de mierda, he perdido la fe que tenía en las casualidades, la buena suerte y los milagros; la desilusión se ha arraigado en lo más profundo de mi ser y ha echado raíces en mí; ya no creo en la bondad del mundo, todo lo real se me figura como una amenaza en la que no puedo confiar.

Prefiero pensar que la vida me detesta y que sus brazos que se me muestran abiertos ocultan bajo sus mangas espinas de dolor y sufrimiento. Prefiero pensar que la vida me detesta, así me mantengo alerta y pendiente del próximo embate de dolor y tristeza. Prefiero pensar que la vida me detesta, así mi vigilia se vuelve eterna. Prefiero pensar que la vida me detesta, así me mantengo un poco más cercano a la realidad de la existencia.

La vida me detesta, me repito hasta quedar dormido…

La plaga

Hay veces es las que me siento como un residuo de esta sociedad, siento que mi existencia se compone de los restos de las esperanzas que en mí fueron depositadas hace mucho tiempo con la intención de que algún día llegaran a florecer; pero en mi interior se aloja una plaga que pudre mis frutos antes de que nazcan, es por eso que, aunque lo intente, nada bueno sale de mí, nada me conforma, todo me desilusiona, todo me frustra, todo me deja con la sensación de que pudo haber sido mejor. Todo.

Esta plaga me está dañando el alma, atrofiando mi sentir, lastimando sin cesar, torturando mi conciencia, apagando mis ganas.

Apagando mis ganas…