Vivir a medias

Me estoy cansando de vivir sin vivir realmente.

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Si queremos…

Si a las mujeres se les obliga tácita y persuasivamente a estar delgadas, a los hombres se nos dice que debemos ser fornidos; puesto que a la mujer se le asigna el deber de ser decorativa, ser un adorno, ser agradable a la vista del hombre, mientras que el mundo del hombre se encuentra permeado por la animalidad, la fuerza bruta y la impulsividad; una mujer de complexión robusta es poco atractiva, un hombre delgado es un medio hombre; la mujer sólo puede agradar con su figura y el hombre dominar con su fuerza, ya que pretender lo contrario sería ir en contra de las leyes naturales(/sociales).

Yo no renegaría de eso si tan solo las leyes naturales se encontraran más allá del bien y del mal, más allá de las construcciones sociales, más allá del entendimiento humano. Pero no: esas leyes han sido construidas en base a determinados esquemas del pensamiento, los cuales reflejan concepciones desiguales de los dos géneros en los que se divide al ser humano, reproduciendo así supuestas diferencias basadas en falsas y arbitrarias características atribuidas al hombre y a la mujer.

No son más que eso: construcciones, que podemos destruir (si queremos).

Viviendo en el Tercer Mundo # 1

Nacer-desarrollarse-reproducirse-morir, son las fases por las que todo ser vivo debe pasar para contribuir a mantener su especie. Aunque en el caso del ser humano tendría que hacerse una aclaración: antes de reproducirse sería necesario que no sólo desarrollen el cuerpo, sino también la mente, porque además de la carga biológica el ser humano transmite cultura, y no sería justo que les heredemos pobreza mental a las nuevas generaciones.

Desencantamiento

Nadie en este puto lugar es especial, nadie aquí es imprescindible, todos en este espacio somos cuerpos canjeables… reemplazables.

Triste es aceptarlo, aceptar que no somos más que uñas, carne y huesos, materia… nada más, nada menos.

Y aunque quiera salir de esta condición, no podré hacerlo; inútiles son mis desesperados intentos de cambiar, por mucho que haga o deje de hacer, no podré salir, este cuerpo no me deja escapar, esta vida me ata…

Ni machos ni maricas; ni damas ni machorras

Se nos debería de enseñar desde nuestra infancia que el “deber-ser” masculino y femenino no son más que construcciones sociales, que no hay formas naturales de ser hombre o mujer, sólo son construcciones que nos destruyen. Construcciones que destruyen una parte de nosotros: mutilan lo masculino en la mujer y reprimen lo femenino en el hombre.

Naturalizaciones que fuerzan a las mujeres a ser débiles, delicadas y pasivas; y obligan a los hombres a ser fuertes, rudos y activos, aunque no quieran serlo, aunque en nuestras mentes fluyan impulsos que no conocen dualidades de ese tipo.

Dualidades represivas.

Deberían enseñarnos que dentro de nosotros pueden haber pensamientos “masculinos” o “femeninos” y que no hay necesidad de reprimir unos y exacerbar otros sólo por ser hombres o mujeres; que mostrar debilidad no nos hace menos hombres, que las mujeres no están hechas para ser madres.

Si se nos enseñaran esas cosas no habrían tantos hombres inseguros encerrados en su errada manera de ser masculino, machos, víctimas y victimarios del machismo; no habrían tantas damas acomodadas en los supuestos beneficios que les otorga el machismo; tampoco habrían tantos homosexuales ni tantas lesbianas, ya que no habría necesidad  de que hombres se identificaran como mujeres y viceversa si aceptaramos que todas las mujeres son mitad hombres y que todos los hombres son mitad mujeres.

Sobre la “desorganización” actual de la contra-hegemonía.

En la espalada de un individuo aislado, el peso de la sociedad es insoportable. Maldito individualismo, tanto daño me has hecho, tanto has distorsionado mi visión del mundo; y es que, aun estando en  el suelo, agobiado, asfixiado, saturado, desahuciado y hecho mil pedazos por tu culpa, he logrado levantarme, para, después de un rato de estabilidad, volver a caer, en un circulo irritante, agobiante… invisible. Tanta realidad que se invisibiliza, maldito egoísmo. Maldito. Te disfrazás; ya no sé ni qué esperar de tu desconocimiento de límites; te llaman “libertad”, “actitud civilizada”, “naturaleza”, “normalidad”, “inocencia”, “sentido común”. Con esas definiciones resulta casi inexorable la influencia, pero por suerte somos seres pensante; sí, aunque sean invisibles los procesos cerebrales desde los ojos de la cultura mediática, somos pensantes en potencia (!), nos diferenciamos de los objetos, que no tienen fuerza de voluntad, aunque esto suene paradójico en un contexto comercializado, de cosificación continua, de deshumanización. Es por eso que hay ser muy conscientes desde el principio que la acción de pensar muy difícilmente va a ser gratificada en un contexto como en el que nos desenvolvemos. En este sentido, no debería esperar respuestas alentadoras.

Esta discusión interna medio existencial me ha pensar sobre la “des organización” de los movimientos y discursos contra-hegemónicos.

Puede ser que se esté en lo correcto al apoyar la noción de la contra-hegemonía desorganizada, pero lo que sí no se puede sostener es la suposición de una des organización meramente interna, sino que en buena medida puede ser considerada como un reflejo de la sociedad amplia, en la que los discursos homogeneizantes ya dejaron de ser importantes en el plano ideológico, para trasladarse al plano publicitario, en el que las ideas son móviles e inestables, en el que los discursos no son rígidos ni estáticos; en este contexto, en cambio, los discursos particulares se han hecho espacio en el plano ideológico, lo que ha sido promovido por el discurso individualista, por medio del cual la gente ya no se concibe como “el pueblo”, que a tantos movilizó en el pasado, la gente está comenzando a dejar de creer discursos que prometían el “beneficio para todos”. Ya bien lo había descubierto Gramsci, ningún movimiento contra-hegemónico puede salirse completamente del discurso hegemónico, y es que éste, al naturalizarse en determinada sociedad, resulta volverse la base del entendimiento lógico (!), en este sentido, una propuesta o suposición, si quiere ser tomada en cuenta, debe, quiérase o no, utilizar nociones compartidas con el discurso hegemónico, aunque sea para tratar de rebatirlas.

En este sentido, la situación que planteaba al principio, parece inexorable; sin embargo esto es sólo quedarse con un punto de vista, dejando de ver el otro lado de la moneda; si bien es cierto, el modo de pensar impuesto por la hegemonía nos vuelves seres individualistas, con necesidades creadas, predisposiciones sociales de un mundo capitalista; es decir, somos conscientes de que el movimiento contra-hegemónico no puede ir más allá de dicho discurso; sin embargo, no podemos obviar el hecho de que ha contribuido a poner elementos del imaginario dominante en su contra: es verdad, esta sociedad ha creado sujetos automatizados y consumidores en serie, individualistas por montones, seres que se auto flagelan por ser portadores de una “naturaleza egoísta”, de la que no creen poder escapar; sin embargo, como en toda época ha habido mentes libres –en la medida de lo posible-, mentes brillantes, que han ido más allá –hasta donde las condiciones históricas lo han permitido-; estas personas de las que estoy hablando, si bien es cierto, han estado dentro del discurso dominante, no han podido escapar –nadie puede hacerlo en realidad- , pero han sabido orientarlo; sí, en mi opinión, al menos en tiempos actuales lo han sabido orientar, en la medida en que han sido conscientes que en última instancia, este mundo y su manera de pensar, de lo que nos ha hecho conscientes es de algo que fue descuidado durante mucho tiempo, de nuestra individualidad –un concepto mucho más amplio que el individualismo.

Ahora más que nunca somos conscientes de que, si bien estamos determinados y condicionados socialmente, en última instancia somos seres pensantes individuales que –teniendo en cuenta las posibilidades de los respectivos medios en el que se desarrolle y desenvuelva cada quién- se han construido necesidades particulares, prioridades particulares que en última instancia, al ser críticos con el entorno, nos llevan a hacernos ciertos cuestionamientos, a plantearnos ciertas interrogantes, a identificar ciertos problemas a resolver –aquí hay que tener claro desde el principio algo, y es que para que valga la pena luchar y defender las propuestas que nos hagamos respecto a los problemas que nos planteemos, es necesario e indispensable que fundamentemos sólidamente nuestras bases de pensamiento-.

Ya no nos convencen los metarrelatos, dirían los postmodernos, han sido destituidos por relatos particulares, lo que, si se observa desde cierta perspectiva, no es malo; de hecho, me parece deseable, y es que cuando leo la historia de los grandes movimientos sociales parece hasta sospechoso y poco sano el hecho de que tantas personas hayan estado “unidas” para lograr un fin idéntico, expresado con las mismas palabras, por medio del mismo discurso. En cierta medida, la situación ahora se presenta un poco más tolerable para nuestra individualidad: “la contra-hegemonía desorganizada”, le podrían decir algunos, es una noción bien utilizada, como lo dije antes, pero no es malo, y vuelvo a confirmar la idea, y es que, al haber movimientos particulares, luchas particulares por problemas que afectan a poblaciones particulares –dicho sea de paso, que antes de decidirse por luchar, sus miembros tuvieron que pasar por un proceso de toma de conciencia de su individualidad y de los principales problemas que le afectaban, y es siguiendo este pensamiento que se puede dilucidar el motivo por el cual se ha decidido a actuar- es probable que la gente se sienta más útil, más dignificada en comparación de un gran partido, defendiendo una “causa universal”; sí, ahora la gente tiene la libertad (no niego que haya existido antes, pero sí afirmo y considero que se ha ampliado) de unirse a movimientos particulares, causas particulares.

Esta es la realidad, no podemos huir de ella, mucho menos acomodarnos, sólo posarnos en ella para analizarla, extraer e interiorizar las ideas beneficiosas, y criticar, luchar y hacer de nuestras vidas una constante oposición a las ideas tóxicas, perjudiciales y poco productivas del discurso dominante; siendo siempre conscientes de que no existen causas universales, sino que lejos de aspiraciones utópicas, debemos plantearnos objetivos precisos y delimitados al iniciar nuestra oposición, no sentirnos mal por dejar de lado otras causas justas –otros ya están luchando por ellas-, y es que somos humanos y nuestras limitantes –de todo tipo- sólo nos permiten enfocarnos en un número limitado de injusticias, de errores, de situaciones que están en nuestro entorno. Sin embargo, lo importante es luchar contra ellas, sin preocuparnos por las formas “correctas” de hacerlo: aporta de igual manera el artista callejero que expresa con sus graffitis su crítica hacia el medio, que el que lo observa y se hace consciente de la causa; aporta de igual manera el profesor que se toma unos minutos para salirse del programa estatal para hablarle a sus alumnos sobre realidad nacional, que el estudiante que le escucha y se motiva a investigar… difícilmente podría terminar con esta lista. Vista de esta manera, la realidad no resulta tan desalentadora. La contra-hegemonía se desarrolla y hace oír su voz, indiferentemente de cuál sea el contexto, cuáles sean las ideas dominantes y las determinaciones históricas.