Cambio, incertidumbre, miedo

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Me estoy cansando de escuchar decir (y a veces hasta de mi propia boca) “las nuevas generaciones están peor que las anteriores”, ¿será eso o es que nada más le tenemos miedo al constante e inevitable cambio social y cultural, el cual en su devenir tiende a desbaratar los universos simbólicos en los cuales se han sostenido la mayor parte de los pensamientos y concepciones acerca del mundo y la vida de las generaciones pasadas? ¿Será que tendemos a desprestigiar a las formas de pensamiento que son diferentes a las compartidas por nuestras generaciones por el riesgo que estas representan para el mantenimiento del orden del imaginario colectivo que nuestras generaciones comparten? ¿Será que con esa frase estamos tratando de enmascarar nuestro temor latente al cambio, al cuestionamiento de las ideas que nos fueron transmitidas en nuestra segunda socialización? ¿Será que no toleramos que nos cuestionen el cúmulo de conocimientos y maneras de percibir el mundo que nos fue transmitido durante la primera socialización? ¿Será que nos aterra pensar en que nuestros pensamientos más arraigados y “naturalizados” pueden volverse obsoletos en este mundo de rápido movimiento?

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Übermensch y promiscuidad

Siempre he creído que la promiscuidad está sobrevalorada. La gente cree que pienso eso porque soy un maldito reprimido (antes quizás si) o porque estaba destinado a ser virgen a los cuarenta (tampoco eso es válido porque ya no lo soy). Lo pienso porque creo que deberíamos hacer valer nuestro lugar como la especie superior de este planeta, y no dejarnos llevar por nuestros impulsos e instintos como los demás animales; creo que deberíamos hacer el esfuerzo de sublimarnos, darnos valor y compartir nuestros cuerpos con quienes de verdad lo merezcan y no con la primera persona que se nos ofrezca en el camino; creo que deberíamos reflexionar sobre el hecho de que hay quienes sacan ventaja de que nosotros estemos sólo pensando en cojer, se aprovechan de nuestro adormecimiento (esa es una de las tantas formas de adormecimiento con las que nos mantienen idiotizados, alejados de las cosas que realmente importan).

En fin, no creo que la promiscuidad sea un buen camino para llegar a acercarnos como especie a la idea nietzscheniana del Übermensch.

Amigos que ya no lo son

Es irónico que las personas con las que en algún momento entablé relaciones de amistad sólo hayan sentido agrado hacia mi peor versión: una versión mía que era insegura, acomplejada… “humilde”, decían ellos, como queriendo consolarme y así ocultar la realidad que no me expresaban, pero de la que estoy seguro que eran más que conscientes . Hubiera preferido que fueran sinceros y me dejaran ver la realidad de las cosas, pero no: decidieron camuflar mis defectos haciéndolos pasar por virtudes (y realmente les creí en algún momento). Hubiera preferido sinceridad antes que hipocresía, hubiera preferido el dolor de enfrentarme a mis debilidades antes que vivir engañado viendo virtudes donde nunca las hubo. (O quizás exaltaban dichas “virtudes” en un tono sarcástico y yo nunca logré captar el sentido de sus palabras, puede ser).

Prefiero ya no pensar en eso, ya que ahora sólo pienso en dejar atrás todas las ilusiones y todos los engaños, sólo pienso en dejar atrás a las personas que lo permitieron (o, mejor dicho, a quienes YO permití que lo permitieran), sólo pienso en olvidar, sólo pienso en soltar, en dejar ir; y eso duele, quema y destruye, pero son males necesarios a los que uno debe enfrentarse, son dolores que destruyen el pasado y dejan el espacio libre para que construyamos un mejor futuro.

La connotación de mi conducta evasiva # 2

Me estoy cansando de sentir la sensación de que todos quieran pasar sobre mí, o quizás sea simplemente mi complejo de inferioridad y mis malditas inseguridades, ¿qué importa? sólo sé que cada vez se me vuelve menos necesaria la compañía de otros -al menos eso siento con la gran mayoría de los que están alrededor mío-, mis círculos de confianza se reducen, y me siento solo más a menudo, pero con eso no quiero decir que me sienta mal: muchas veces gastamos tiempo en personas que no valen la pena, tiempo que podríamos gastar en nosotros mismos, porque hay que tener presente que el tiempo es lo único que realmente nos pertenece, es lo más valioso que tenemos, y no vale la pena malgastarlo.

Si queremos…

Si a las mujeres se les obliga tácita y persuasivamente a estar delgadas, a los hombres se nos dice que debemos ser fornidos; puesto que a la mujer se le asigna el deber de ser decorativa, ser un adorno, ser agradable a la vista del hombre, mientras que el mundo del hombre se encuentra permeado por la animalidad, la fuerza bruta y la impulsividad; una mujer de complexión robusta es poco atractiva, un hombre delgado es un medio hombre; la mujer sólo puede agradar con su figura y el hombre dominar con su fuerza, ya que pretender lo contrario sería ir en contra de las leyes naturales(/sociales).

Yo no renegaría de eso si tan solo las leyes naturales se encontraran más allá del bien y del mal, más allá de las construcciones sociales, más allá del entendimiento humano. Pero no: esas leyes han sido construidas en base a determinados esquemas del pensamiento, los cuales reflejan concepciones desiguales de los dos géneros en los que se divide al ser humano, reproduciendo así supuestas diferencias basadas en falsas y arbitrarias características atribuidas al hombre y a la mujer.

No son más que eso: construcciones, que podemos destruir (si queremos).