Huella y aura

Hace un rato, tratando de avanzar en mi tesis, estaba leyendo un artículo titulado Simmel y la cultura del consumo (Marinas, 2000), y, no es que estuviera malo, pero me sentía un poco aburrido y desanimado; así iba pasando la lectura, sin sobresaltos, cuando de repente me encontré con esta frase que llamó mi atención:

«Huella y aura. La huella es la aparición de una proximidad, por muy lejos que pueda estar lo que la causó. El aura es la aparición de lo lejano, por muy próximo que esté lo que lo evoca. Con la huella nos apropiamos de la cosa, con el aura ella es la que se adueña de nosotros».

-Walter Benjamin.

(Quisiera aclarar que voy a tomarme el atrevimiento de descontextualizar la cita del texto de donde la saqué. Dicho esto, puedo continuar).

Dicha cita me hizo pensar en lo mucho que se encuentran presentes en nuestras vidas ambas sensaciones, en cómo ambas sensaciones afectan tan directamente nuestras subjetividades, nuestra manera de pensar, de sentir, de ser.

Huella y aura. Marcar a alguien y ser marcado por alguien.

¿No se reducen acaso las relaciones humanas a eso? ¿Quién no quedó marcado por alguien? Piénsese en padres, amigos, parejas, profesores, autores que por medios escritos nos transmiten su pensamientos, artistas, en fin, la lista sería muy extensa y variaría de persona a persona… pero el punto al que quería llegar es el siguiente: todos, desde el momento de nuestro nacimiento, somos seres sociales, lo que implica que nos encontramos ante el influjo de quienes nos rodean, de manera directa o indirecta. Lo anterior, basándome en la línea de ideas que he venido siguiendo, podría decirse también de la siguiente manera: todos estamos marcados por diferentes personas con las que hemos estado en contacto a lo largo de nuestra vida (algunas nos marcan más, otras menos, obviamente).

Pero no hay que olvidar también el caso contrario, y es que, querámoslo o no, nosotros también marcamos a los demás, de manera positiva o negativa, intencional o inconscientemente. Al igual que lo anterior, dependerá de cada caso particular.

Creo, tomando en cuenta la anterior, que la frase de Benjamin resume en buena medida lo que es nuestra vida como seres humanos, como seres sociales. Ya que cuando me refiero a marcar y ser marcado no estoy haciendo alusión al aspecto sentimental y romántico de nuestra vida, sino que intento llevar la expresión  más allá, ya que considero que se podría aplicar a todos los aspectos de nuestra vida social, podría decir, incluso que es sobre esas dos acciones que se sostiene eso a lo que se le llama cultura.

Huella y aura. Marcar y ser marcados.

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La otra mitad de la vida

Quisiera que mi agonizante fe muriera de una maldita vez, para poder dejarme morir, para poder dejar de vivir, para poder dejar de sufrir…

Quisiera desprenderme de este cuerpo que me ata a esta vida ingrata…

Quisiera no vivir…



¡Pero justo cuando estoy a punto de lanzarme al abismo, algo me llama! Un leve susurro entra por mis oídos y me hace saber que la vida tiene dos lados…

La tragedia, el dolor, el sufrimiento, la tristeza… todo eso, a lo que tanta atención le presto, es sólo la mitad.

A la otra mitad de la vida la tengo descuidada en un rincón, y ese susurro me lo hace saber, ese susurro me recuerda que la otra mitad de la vida está esperando por mi… y por mi olvidada felicidad.

Nudo

Quiero desatar el nudo que no deja que me desligue de la tristeza, quiero dejar de intentarlo a la fuerza, pues lo único que logro es volverlo más fuerte; tratar de alejarme de la tristeza, me liga más a ella; no necesito huir, lo que necesito es enfrentarla y domarla, para demostrar así la superioridad de mi mente, para demostrárselo al mundo… para demostrárselo a mí mismo, que tan poca fe me tengo.

Pensar y no actuar

Pienso, pienso y nunca dejo de pensar.

Pienso demasiado en cosas que no voy a hacer.

Mis pensamientos nacen con el impulso de materializarse, pero mis autorepresiones no lo permiten.

¡Pensar duele cuando los pensamientos no logran trascender!

Mis pensamientos se van acumulando en mi mente porque hay algo que los obstruye cuando están a punto de salir…

Y ese algo soy yo.

Fe

Vivo reprimiendo mi impulso al vacío,
porque tengo fe en que,
antes de fundirme en la nada,
el ser puede darme satisfacción…

¿Por qué aún tengo fe?
¿Por qué no logro desprenderme?
¿Por qué? ¡Maldita sea! ¿Por qué?

Esta fe me hace tanto daño,
me mantiene enfermo,
enfermo cuando duermo,
enfermo cuando despierto…

Estar vivo es la peor enfermedad…

Automutilación

Quisiera arrancarme las orejas, para desentenderme del bullicio del mundo y sus incómodos habitantes;
Quisiera sacarme los ojos, para dejar de ver la decadencia de todo lo existente;
Quisiera destrozarme la nariz, para no poder oler esta podredumbre que es la vida;
Quisiera cortarme la lengua, porque el lenguaje para mí es un obstáculo, porque todo mi sentir se accidenta y deforma al querer manifestarse por medio de símbolos y signos, ¡el silencio de la nada es más cómodo para mí!;
Quisiera desollarme, para dejar de sentir el frío de la soledad que este mundo -que me es ajeno- me provoca;
Quisiera sacarme el cerebro, para dejar de pensar, para dejar de sentir…

Quisiera…

Quisiera arrancarme de este mundo, para dejar de sufrir, para dejar de existir…

Tiempo…

El pesimismo que en mí se aloja no fue desencadenado por ningún acontecimiento traumante, no hubo ningún punto de quiebre que haya acabado con mi alegría, nada ni nadie me arruinó la vida, ¿por qué se supone que tiene que haber algo que desencadene dicha sensación? ¿No es acaso la experiencia de vivir lo suficientemente mala?

Para mí es suficiente con sentir el paso del tiempo para darme cuenta de que esta vida no puede ser buena, no importa desde dónde se vea: el tiempo pasa, imperturbable, sin que le importe destruirnos, sin que le importen nuestros triunfos, nuestros fracasos, nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras utopías, ¡NADA! El tiempo pasa, y pasa tan rápido que no nos permite contemplar lo que tanto nos ha costado construir, porque antes de notarlo siquiera, el tiempo lo ha destruído.

“Lejos de curar, el tiempo lo destruye todo…”

¡Quisiera desentenderme del tiempo! ¡Eternizarme! Fundirme en un segundo, ¿de dolor, de alegría? Poco importa, la verdad…