13 de junio de 2019

Estoy cansado de que la gente me diga que soy un malagradecido con la vida por sentirme de la manera en que me siento, ya que “no tengo razones para sentirme así”, porque “tengo lo necesario para vivir”… quizás, desde ese punto de vista, sí, tengan razón. Pero lo mío es algo que va más allá. Es un malestar más profundo. O tal vez sólo sea que he dejado que mi mente se enrede y que de lo sencillo haga algo complicado. Y más que complicado, doloroso.

Vivir así no es vivir.

Y no quiero morir, sólo quiero que la vida deje de doler.

Desahogo # 39

 

Quisiera no sentir que todo trata sobre de mí, quisiera dejar de atribuirme todos los errores, todas las derrotas, todas las tristezas. Quisiera dejar de automutilar mi alma cotidianamente, de degradar mis ánimos, de reprimir mi alegría. Quisiera dejar de sentir.

¿Cuánto tiempo más he de esperar? La paciencia se acaba, y con ella también las ganas de vivir.

Este egocentrismo tóxico obstruye el flujo natural del devenir de mi existencia, retiene las impurezas, me pudre.

Ya no quiero sentirlo, pues creo que la vida puede darme más, mucho más que esto.

Creo que es posible dejar de sentir solo lo malo, es posible racionalizar mi sentir, hacerle ver que entre toda la podredumbre del mundo hay algo que brilla, algo que ilumina, algo que podría volver más soportable la vida.