Teresa Wilms Montt V

teresa

XV
Estoy enferma. Mi mano, ardiente, resbala en triste desmayo sobre los libros donde me refugio, para aturdirme y olvidar.
No trato de abrirlos, es inútil: los adivino. ¿Qué pueden decirme que sustraiga mi pensamiento de tu recuerdo? Sólo lograrían dejar una negra mancha de tinta en mis pupilas luminosas de tu imagen. Mi dolor se hace agónico; mi tristeza se despedaza como las túnicas de los mártires desgarradas por las fieras del circo.

Me pesan las sienes como si las oprimieran los dedos de un coloso, y como losas funerarias caen mis párpados.
¡Anuarí, Anuarí!
Las penas hacen pesada mi sangre, como si circulara por mis venas lava fría.
Estoy enferma. A mi alrededor canta la vida, impiadosa, cruel, en su inconsciencia de diosa eternamente joven y alegre.
Ese desordenado bullicio me hace pensar en la profanación de cadáveres por un saltimbanqui ebrio.
La vibración del dolor ha destruido la orquestación divina, que, en lírica unión con todas mis cuerdas íntimas, amenizaba las fiestas de mi alma.
Estoy tan triste, como una paloma a quien sorprende la tormenta, sola y fuera del nido.

Cita:
Wilms Montt, Teresa, 1918, Anuarí, Edición digital de Titivillus.
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