Año nuevo

Quiero que los años que he vivido sean el preámbulo opaco de un futuro tan brillante como el sol, quiero recolectar todo el gozo que he regado con mi llanto, quiero que florezcan las semillas de felicidad que enterradas y olvidadas estuvieron durante este largo temporal, quiero inhalar tan fuerte que al exhalar logre apartar la nube gris que no me deja ser azul, quiero olvidar la tristeza, quiero recordar la alegría.

Quiero recobrar la sonrisa, secar el llanto, levantar la frente bien alto…

Quiero, quiero, tanto quiero, año nuevo…

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Charles Baudelaire I

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XLVIII
ANY WHERE OUT OF THE WORLD
(En cualquier parte fuera del mundo)

 

Esta vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama. Este querría sufrir frente a la estufa, y aquel cree que sanaría al lado de la ventana.

Me parece que yo siempre estaría bien allí donde no estoy, y este tema de la mudanza es uno de los que discuto incesantemente con mi alma.

“Dime, alma mía, pobre alma con frío, ¿qué te parecería habitar en Lisboa? Debe hacer calor allí y te reconfortarías como un lagarto. Esta ciudad está a orillas del agua; se dice que esta construída en mármol y que su pueblo tiene tal odio a lo vegetal que arranca todos los árboles. Sería un paisaje a tu gusto; ¡un paisaje hecho con luz y mineral, y líquido para reflejarlos!”.

Mi alma no responde.

“Ya que amas tanto el reposo, con el espectáculo del movimiento, ¿quieres venir a vivir en Holanda, esa tierra beatífica? Tal vez te divertirías en esta región cuya imagen tan a menudo admiraste en los museos. ¿Qué pensarías de Rotterdam, tú, que amas la maraña de mástiles y los navíos amarrados al pie de las casas?”

Mi alma permanece muda.

-¿Batavia te sonreiría más, tal vez? Además allí encontraríamos el espíritu de Europa con la belleza tropical.

Ni una palabra. ¿Habrá muerto mi alma?

-¿Será que has llegado a tal punto de letargo que sólo te complaces con tu enfermedad? Si es así, huyamos hacia los países que son analogías de la Muerte.

-Yo me ocupo de nuestro asunto, ¡pobre alma! Haremos nuestras maletas para Torneo. Vayamos más lejos aún, al último extremo del Báltico; más lejos de la vida todavía si es posible; instalémonos en el polo. Allí el sol roza sólo oblicuamente la tierra y las lentas alternativas de la luz y de la noche suprimen la variedad y aumentan la monotonía, esa mitad de la nada. Allí podremos tomar largos baños de tinieblas, aunque para divertirnos las auroras boreales nos enviarán cada tanto sus haces rosados, como reflejos de fuegos de artificio del Infierno!

Finalmente mi alma hace explosión y juiciosamente me grita: “¡No importa dónde! ¡no importa dónde! ¡con tal de que sea lejos de este mundo!”

-Charles Baudelaire.

 

Cita:
1869, Baudelaire, Charles, El Spleen de París (Versión digital, descargada de: http://www.dominiopublico.es/libros/B/Charles_Baudelaire/Charles%20Baudelaire%20-%20El%20Spleen%20de%20Par%C3%ADs.pdf)

La otra mitad de la vida

Quisiera que mi agonizante fe muriera de una maldita vez, para poder dejarme morir, para poder dejar de vivir, para poder dejar de sufrir…

Quisiera desprenderme de este cuerpo que me ata a esta vida ingrata…

Quisiera no vivir…



¡Pero justo cuando estoy a punto de lanzarme al abismo, algo me llama! Un leve susurro entra por mis oídos y me hace saber que la vida tiene dos lados…

La tragedia, el dolor, el sufrimiento, la tristeza… todo eso, a lo que tanta atención le presto, es sólo la mitad.

A la otra mitad de la vida la tengo descuidada en un rincón, y ese susurro me lo hace saber, ese susurro me recuerda que la otra mitad de la vida está esperando por mi… y por mi olvidada felicidad.

Morir en silencio

Cada día que pasa, una parte de mí muere silenciosamente, por descuido, por accidente o por placer. Dejo morir a mi yo interno, a veces intencionalmente, a veces por costumbre, a veces dormido. Es un impulso latente que no se extingue, y aunque quiera detenerlo no puedo. Es un instinto autodestructivo que no puedo reprimir, porque al hacerlo me daño. Dejarme fluir es dañarme, reprimirme es dañarme.

¿Qué hago? ¿Cómo escapo?

No quiero morir, no quiero vivir…

¿Entonces? ¿Qué queda?

Sólo morir por dentro, morir lentamente, morir en silencio…

Nudo

Quiero desatar el nudo que no deja que me desligue de la tristeza, quiero dejar de intentarlo a la fuerza, pues lo único que logro es volverlo más fuerte; tratar de alejarme de la tristeza, me liga más a ella; no necesito huir, lo que necesito es enfrentarla y domarla, para demostrar así la superioridad de mi mente, para demostrárselo al mundo… para demostrárselo a mí mismo, que tan poca fe me tengo.