La connotación de mi conducta evasiva # 2

Me estoy cansando de sentir la sensación de que todos quieran pasar sobre mí, o quizás sea simplemente mi complejo de inferioridad y mis malditas inseguridades, ¿qué importa? sólo sé que cada vez se me vuelve menos necesaria la compañía de otros -al menos eso siento con la gran mayoría de los que están alrededor mío-, mis círculos de confianza se reducen, y me siento solo más a menudo, pero con eso no quiero decir que me sienta mal: muchas veces gastamos tiempo en personas que no valen la pena, tiempo que podríamos gastar en nosotros mismos, porque hay que tener presente que el tiempo es lo único que realmente nos pertenece, es lo más valioso que tenemos, y no vale la pena malgastarlo.

Si queremos…

Si a las mujeres se les obliga tácita y persuasivamente a estar delgadas, a los hombres se nos dice que debemos ser fornidos; puesto que a la mujer se le asigna el deber de ser decorativa, ser un adorno, ser agradable a la vista del hombre, mientras que el mundo del hombre se encuentra permeado por la animalidad, la fuerza bruta y la impulsividad; una mujer de complexión robusta es poco atractiva, un hombre delgado es un medio hombre; la mujer sólo puede agradar con su figura y el hombre dominar con su fuerza, ya que pretender lo contrario sería ir en contra de las leyes naturales(/sociales).

Yo no renegaría de eso si tan solo las leyes naturales se encontraran más allá del bien y del mal, más allá de las construcciones sociales, más allá del entendimiento humano. Pero no: esas leyes han sido construidas en base a determinados esquemas del pensamiento, los cuales reflejan concepciones desiguales de los dos géneros en los que se divide al ser humano, reproduciendo así supuestas diferencias basadas en falsas y arbitrarias características atribuidas al hombre y a la mujer.

No son más que eso: construcciones, que podemos destruir (si queremos).

Desahogo # 24

Mi vida es un devenir titubeante, un destino que se redirecciona a cada instante con el vaivén del mundo, un caminante sin rumbo, una incertidumbre perpetua que de lo único que está segura es de que “Sólo existe una verdad tan grande como el sol: la muerte”.

Sólo la muerte me podrá rescatar de este mundo del que me siento ajeno.