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Te prefiero lejana, lejos de mis problemas, lejos de mis tristezas, lejos de mi apatía… ¡lejos de mí! Lejos de aquí! ¡Muy lejos! Y es que, no me gusta que nadie cargue con el peso de mi existencia, mi saturada existencia -saturada de problemas inexistentes-…  no quiero que te derrumbés conmigo, quiero que florezcás y hagás brillar tu existencia. Pero no brillés demasiado, la luz excesiva puede dañar la vista de los que te rodean. Y si algún día llegara a pasar eso, no dudés en buscarme: juntos podemos opacarnos.

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Existencia desperdiciada (mas no condenada)

Cuenta la historia sobre una especie que habitaba en un pequeño, decadente y vulnerable planeta. Era una especie con el mismo potencial de poblaciones que han alcanzado niveles súper avanzados de desarrollo. Puede ser que dichas poblaciones antes de existir afuera ya hayan existido dentro de nosotros (no como individuos, sino en conjunto, un conjunto que abarca todos sus límites, tanto geográfica como temporalmente hablando), no materialmente, sino potencialmente. Los niveles de desarrollo que parecen inimaginables entre nosotros y, por consecuencia, sólo nos parecen realizables entre otras poblaciones, formas de vida y existencia, dimensiones físicas, entidades abstractas, menos en nosotros; esos niveles siempre estuvieron ahí, esperando trascender, en tal caso, de ser potencialidades pasarían a materializarse en la realidad concreta. Sin embargo, tal posibilidad se escapa de nuestras manos, y lo que es más triste aún, conscientemente abrimos los dedos para que se derrame, al hacerlo, muchas veces hasta reímos, es una risa colectiva que arrastra, una risa enferma ¡qué alegría más triste y falsa! Pero luego de la euforia viene la calma y con ella el arrepentimiento, después algo peor: la resignación. Resignación que se sustenta sobre la supresión del recuerdo de cuando abrimos los dedos, de las risas que opacaban la razón; resignación que nos hace renunciar al potencial que hay en nosotros; resignación que, al suprimir la potencial capacidad de perfeccionarnos, nos aparta de cualquier camino hacia la perfección… y es que “lo perfecto”, que dicha resignación ha hecho que releguemos al plano de lo “humanamente imposible”, no tiene una sola vía de acceso, cada forma de existir representa una potencial forma de alcanzarlo; sin embargo, al negar toda idea de esencia, tenemos que ser conscientes de que ninguna potencialidad se materializará si no logra trascender, por medio de la existencia.