“Desobedecer”

“Desobedecer”, no me genera culpa, orgullo tampoco.

¿Egoísmo?, ¿apatía?, ¿inconsciencia?, ¿ignorancia? Puede ser… aunque yo no lo considere así. Y es que, si tan inconforme me siento con las ideas compartidas en el entorno social del que soy parte ¿para qué hundirme, amargamente, en él? No hay motivos… soy parte del entorno, aunque me cueste aceptarlo, no puedo negarlo ni evitarlo -!maldita condición social!-; pero, como ser pensante, como un mundo, como un juego de ideas que se unen y disuelven, me veo en la -¿ilusoria?- posibilidad de prescindir de los dictámenes -sí, eso son… aunque quieran ocultármelo, por medio de la persuasión, la masificación, los buenos modales y las formas “correctas” de ser, pensar y comportarse- del entorno social, que suele ser asfixiante, coercitivo y denigrante. Puede ser que mi “ilusorio aislamiento” me haga pensar en cosas irrealizables. Pero vale más moverse en busca de una utopía que hundirse en esta realidad que me asfixia…

Anuncios

Dolor invisible/vilizado

Implosionando a cada momento,
puedo sentir mi derrumbamiento,
me desvanezco…
pero, por fuera, nada,
sólo se observa una sonrisa fingida,
una palidez intranquila,
una tranquilidad dolorosa.

Acomodamiento, mi condena.
Apatía, mi prisión.

El tiempo pasa, y no hay progreso…
retroceso tampoco.
El estancamiento, me domina.
En este hoyo, los gusanos, la putrefacción…
todos los factores se ponen en mi contra,
los pongo en mi contra,
mi existencia va en contra de mí.

No hay dolor más terrible que aquel que no tiene cura,
aquel que no es causado por nada,
aquel que está presente todo el tiempo,
aquel que, silenciosamente, me acompaña,
aquel que me promete grandezas,
aquel que… soy yo.

Pero, por fuera… nada.