Esperanzas desprendidas de una mente sin fuerza de voluntad.

El viento que generan las manecillas del reloj de la vida hace que, como las hojas secas, mis esperanzas marchitas se desprendan de mi cabeza. Puedo verlas cayendo lentamente, aunque, en ocasiones, el agua salada que se acumula en mis ojos interrumpe el espectáculo. Caen a pesar de que trato de impedirlo. Caen a pesar de que en la misma quedo vacío, sin motivos para vivir, respirando por inercia. Existencia inerte…

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Esperar…

Sólo me queda esperar. No hablo de una espera pasiva. Esperaré activamente, deteniendo y adelantando las agujas del reloj si es necesario. Derrumbándome para volver a construirme, mejor que antes. Esperando que llegue el día, tan anhelado, tan deseado, tan idealizado. Es una mezcla de impaciencia y miedo. Siento ansiedad por escapar de mi condición actual. Tengo miedo por pensar que puede ser mi ansiedad la que me haga idealizar ese día que parece lejano. Un día que no está definido, a lo mejor nunca llegue, a lo mejor es otra de mis ilusiones creadas para intentar escapar de la depresión. Sólo me queda esperar, modificando mi condición para soltar el nudo de problemas que me atan. Una espera activa es lo que necesito…

1 de enero

Una mezcla de tristeza y enojo inundan mi cabeza. Saber que hay gente tan despreciable. Esta no es la mejor manera de comenzar el año. Tener que darle la bienvenida a un nuevo año, despidiéndome de un ser querido. Pero, bueno, ya nada puede hacerse: el daño ya está hecho y no hay marcha atrás. Sólo queda despedirse. Sólo queda llorarte un momento. Envidiarte por que se te concedió antes que a mí la dicha de dejar esta existencia de mierda. Te alcanzo al rato. Adiós.