Fernando Pessoa I

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Vivo siempre en el presente. El futuro, no lo conozco. El pasado, ya no lo tengo. Me pesa el uno como la posibilidad de todo, el otro como la realidad de nada. No tengo esperanzas ni nostalgias. Conociendo lo que ha sido mi vida hasta hoy –tantas veces y en tantas cosas lo contrario de lo que yo deseaba­, ¿qué puedo presumir de mi vida de mañana, sino que será lo que no presumo, lo que no quiero, lo que me sucede desde fuera, hasta a través de mi voluntad? No tengo nada en mi pasado que recuerde con el deseo inútil de repetirlo. Nunca he sido sino un vestigio y un simulacro de mí. Mi pasado es todo cuanto no he conseguido ser. Ni las sensaciones de los momentos pasados me resultan nostálgicas: lo que se siente exige el momento; pasado éste, hay un volver de página y la historia continúa, pero no el texto.

-Fernando Pessoa.

 

Cita:
Pessoa, Fernando, 1996, Libro del desasosiego, Seix Barral, Barcelona.

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Protagonismo

Mi manera de ser y pensar no es algo que yo haya creado en solitario, como un ente aislado; hubieron muchos factores sociales, externos a mí, que influyeron y determinaron la formación y desarrollo de mi manera de ser y pensar; podría decirse que durante mis primeros años de desarrollo del “Yo” no era yo quien tenía el control sobre dicho proceso, esa labor la cumplían otros: el conjunto de personas que tenían un peso significativo en mi naciente conciencia; fueron ellos quienes moldearon mi carácter, mi sensibilidad, mi manera de percibir la realidad; a veces me siento agradecido, a veces me es indiferente, a veces me ahogo en el rencor.

Sin embargo, creo que no debo atribuirle toda la responsabilidad a quienes fueron mis otros significantes de la infancia (y de todo mi proceso de socialización en general); pienso que, a pesar del protagonismo que tuvieron en el proceso de formación de mi individualidad, siempre hubo en mí una voluntad propia que, quizás ha ido adquiriendo más fuerza con el pasar de los años, pero que hoy en día es lo suficientemente fuerte como para cuestionar y desechar lo que de mi individualidad -creada en conjunto por mis otros significantes y por una versión mía con una voluntad muy débil- no me agrada, no me fortalece, no me beneficia, no me ayuda a progresar.

Quiero ser el protagonista de mi vida, quiero que mis otros significantes sólo sean personajes secundarios en el desarrollo de mi personalidad.

Cambio, incertidumbre, miedo

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Me estoy cansando de escuchar decir (y a veces hasta de mi propia boca) “las nuevas generaciones están peor que las anteriores”, ¿será eso o es que nada más le tenemos miedo al constante e inevitable cambio social y cultural, el cual en su devenir tiende a desbaratar los universos simbólicos en los cuales se han sostenido la mayor parte de los pensamientos y concepciones acerca del mundo y la vida de las generaciones pasadas? ¿Será que tendemos a desprestigiar a las formas de pensamiento que son diferentes a las compartidas por nuestras generaciones por el riesgo que estas representan para el mantenimiento del orden del imaginario colectivo que nuestras generaciones comparten? ¿Será que con esa frase estamos tratando de enmascarar nuestro temor latente al cambio, al cuestionamiento de las ideas que nos fueron transmitidas en nuestra segunda socialización? ¿Será que no toleramos que nos cuestionen el cúmulo de conocimientos y maneras de percibir el mundo que nos fue transmitido durante la primera socialización? ¿Será que nos aterra pensar en que nuestros pensamientos más arraigados y “naturalizados” pueden volverse obsoletos en este mundo de rápido movimiento?

Teresa Wilms Montt I

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Sólo en una actitud puedo descansar de la ardua tarea de vivir, tenderme en la cama los días y los días, pensar con la nuca apoyada en los brazos. Escarbar en mi cerebro con la tenacidad de un loco buscando fondo al insondable abismo en el cual estoy dando vueltas desorientada.
Oh más allá, ¿existe?
Teosofía, filosofía, ciencia, ¿qué hay de verdad en sus teorías?
Morir después de haber sentido todo y no ser nada.
Me dan ganas de reir y río con la frialdad de los polos.
¡Ah vida, no ser, no ser…!

-Teresa Wilms Montt.

 

Cita:
Wilms Montt, Teresa, 1922, Lo que no se ha dicho…, Editorial Nascimento, Santiago de Chile.