18 de marzo de 2019

A veces siento que ya no puedo sufrir por nadie…

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… he desperdiciado demasiadas lágrimas en gente que no vale la pena.

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Kaosynth – Mística espiral (2018)

¡Hola a todos! Pasaba a compartirles la nueva reseña que escribí para el blog en el que colaboro.

Pueden pasar a leerme…

Sky Fire

¡Hola a todos! Antes de comenzar con la reseña, he de decir que el proyecto musical del que voy a hablar en las siguientes líneas, aparentemente, difiere bastante de los que se han venido presentando en las reseñas anteriores… pero sólo es aparente dicha diferencia… ya que, si bien es cierto, los ritmos y el estilo sí es notablemente diferentes, no obstante, el contenido, el trasfondo emocional de sus canciones se encuentra en la misma sintonía, pues sus letras se dirigen a tratar temas como: existencialismo, amor/desamor, psicodelia y reflexión.

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Historia e influencias

Kaosynth es un duo de indietrónica proveniente de Bogotá, Colombia, conformado por Jairo Hernández (voz, guitarra y synths) y Jaime Aguirre (bajo y synths), y fundado en el año 2017, bajo el nombre de Menthal… no fue sino hasta el 2018, a medida que se fue conceptualizando la música y el ADN del proyecto, que fue consolidándose…

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Teresa Wilms Montt V

teresa

XV
Estoy enferma. Mi mano, ardiente, resbala en triste desmayo sobre los libros donde me refugio, para aturdirme y olvidar.
No trato de abrirlos, es inútil: los adivino. ¿Qué pueden decirme que sustraiga mi pensamiento de tu recuerdo? Sólo lograrían dejar una negra mancha de tinta en mis pupilas luminosas de tu imagen. Mi dolor se hace agónico; mi tristeza se despedaza como las túnicas de los mártires desgarradas por las fieras del circo.

Me pesan las sienes como si las oprimieran los dedos de un coloso, y como losas funerarias caen mis párpados.
¡Anuarí, Anuarí!
Las penas hacen pesada mi sangre, como si circulara por mis venas lava fría.
Estoy enferma. A mi alrededor canta la vida, impiadosa, cruel, en su inconsciencia de diosa eternamente joven y alegre.
Ese desordenado bullicio me hace pensar en la profanación de cadáveres por un saltimbanqui ebrio.
La vibración del dolor ha destruido la orquestación divina, que, en lírica unión con todas mis cuerdas íntimas, amenizaba las fiestas de mi alma.
Estoy tan triste, como una paloma a quien sorprende la tormenta, sola y fuera del nido.

Cita:
Wilms Montt, Teresa, 1918, Anuarí, Edición digital de Titivillus.

Hábitos

Últimamente he comprendido que muchas veces si uno se siente “deprimido y estancado” es por repetir y repetir hábitos tan cotidianos y aparentemente insignificantes e intrascendentes… hábitos que, a la larga y sin que uno se dé cuenta, determinan nuestro estado de ánimo y nuestra relación con el mundo de una manera que uno ni llega a sospechar.

Son comportamientos y maneras de pensar que están tan interiorizadas en nosotros que llega un punto en el que, inconscientemente, se nos vuelven naturales.

Pero no lo son, pues todos los hábitos no son más que eso: repetición. Los hábitos son esas maneras de ser a las que estamos acostumbrados… y en muchas ocasiones lo que se hace por costumbre no siempre es lo mejor para nosotros.

De hecho, me he dado cuenta estos últimos días que, efectivamente, muchas de las cosas que hacía por costumbre eran realmente perjudiciales para mí. Bueno, para que mis palabras no queden en el aire, voy a hablar en las siguientes líneas de tres cambios específicos que estoy llevando a cabo actualmente, cambios relacionados a hábitos “cotidianos y aparentemente insignificantes e intrascendentes”.

1. Regulación del uso de las redes.

Era algo tan común para mí revisar mi maldito celular cada hora, cada media hora, cada quince minutos… ¡cada cinco minutos! ¿No creen que eso llega a niveles enfermizos? Pues para mí sí que lo era… y bueno, para ser sincero, quizás no lo habría notado, ni hubiera pensado en todo esto que escribo, si no hubiera sido por el hecho de que hace un par de días me robaron mi celular, pero como bien dicen “no hay bien que por mal no venga”, y así fue en esta ocasión: algo aparentemente “malo” (que me robaran el celular) resultó ser algo bueno y beneficioso para mí. Y es que ahora que estoy sin celular y que no tengo la posibilidad de estar tan obsesivamente pendiente de mis redes sociales, he notado que mi vida cotidiana se encontraba en gran medida afectada por dicho hábito; tanto así que ahora que no reviso las redes tan enfermizamente, siento que soy más productivo, siento que interactúo más con quienes me rodean y convivo cotidianamente, siento que tengo más tiempo para hacer las cosas que me propongo hacer durante el día, más tiempo para dormir… en fin, el cambio ha sido notable. Y se suponía que era algo cotidiano y que no me afectaba en “casi nada”

2. Exceso de música romántica.

Últimamente me ha surgido una pregunta, ¿por qué es tan común que a la gente le guste la música romántica?  Y cuando digo “la gente” me refiero a casi todo el mundo: es por ello que uno puede encontrarse con música romántica de casi todos los géneros, rock, punk, screamo, electrónica, bachata, reggae, ska, reggaetón, trap. música de banda, rancheras… en fin, de todo. A todo mundo le afecta esa sobrevaloración de lo romántico. Y no sé, sinceramente me parece enfermizo que las cosas sean tan así. Bueno, al menos en mi caso personal, el exceso de música romántica me deprime, me hace pensar demasiado en eventos y situaciones que realmente no tienen la trascendencia que uno -guiado por las ideas que se nos transmiten por medio de ese tipo de música- pretende darle. Últimamente he preferido escuchar canciones con temáticas diferentes, canciones con contenidos sociales, canciones que hablen de cosas realmente importantes, o, en su defecto, canciones sin letras. Y, sinceramente, me siento como si me hubiera bajado de la nube romántica para poner los pies sobre la tierra, para ponerle atención a las cosas que realmente importan. Para mí lo romántico siempre había sido algo secundario, pero poco a poco, de tanto repetir el hábito de escuchar ese tipo de música, llegó a un punto en el que se convirtió en algo prioritario, ¡qué estupidez! Pero nunca es tarde para cambiar esas cosas: se siente tan bien volver a ser lo que un día fui.

3. Escuchar a quienes de verdad importan.

En muchas ocasiones, no sé, quizás por mi inseguridad y baja auto estima, me pasó que le presté más atención de la necesaria a la opinión de personas que, sinceramente, no eran importantes en mi vida ni en lo más mínimo: una completa estupidez de mi parte. Pero como las otras dos cosas de las que he hablado, era una costumbre, una muy mala y estúpida costumbre. Un hábito que, al igual que todos, se puede cambiar y que he logrado modificar de hecho. Y puede que ahora le desagrade a más personas que antes, pero, ¡Qué importa desagradarle a una parte del mundo si me siento enamorado de mí! Me basta con sentirme bien conmigo mismo y con el reducido número de personas que realmente me importan… lo demás es lo de menos.

 

Bueno, esos han sido tres ejemplos concretos y personales, pero yo sé que hay muchos más, hay muchos más hábitos que nos afectan sin que nosotros siquiera lo notemos. Y estarán afectándonos hasta que no tomemos conciencia de la gravedad que implica reproducirlos.

Los hábitos no son tan insignificantes e intrascendentes como parecen…

Odiando la realidad social

Si hay algo que realmente odio de esta maldita realidad social de mierda, eso es el hecho de que se conciba el “pensamiento/comportamiento masculino” y el “pensamiento/comportamiento femenino” como dos entes aislados y mutuamente contradictorios. Y odio más aún a la gente que reproduce esa idea.

Y he de aclarar que mi idea no va enfocada al plano sexual -no me subo a las modas LGBT, movimiento que no me parece tan “revolucionario” como algunos dicen que es (tal vez un día de estos me anime a escribir sobre eso)-, sino más bien al comportamental y del pensamiento. Va enfocada a hacerme cuestionamientos como los siguientes: ¿Por qué un hombre no tiene que demostrar sus sentimientos? ¿Por qué la mujer si? ¿Por qué está bien que sea el hombre quien tome la iniciativa de iniciar una relación sentimental con alguien? ¿Por qué es un atrevimiento cuando una mujer lo hace? ¿Por qué un hombre que ha tenido muchas mujeres es alabado y admirado? ¿Por qué una mujer que ha tenido muchos hombres es, simplemente, una puta?

Bueno, creo que la lista seguiría y seguiría…

 

Pensando en esas cosas es que uno se da cuenta qué tan determinados nos encontramos por la sociedad; hasta en las cuestiones, aparentemente, más personales y privadas.