Cotidiana persecusión

Un dolor que me persigue,
pegado a mí como una sombra,
¿por qué me sigue?

Dolor inexistente,
dolor autoimpuesto,
¿cuándo te vas?

Esas respuestas que noche y día busco
nunca las voy a lograr encontrar,
y es que las busco afuera,
donde no están…

Yo estimulo el dolor,
yo lo sufro,
y cuando no quiero sentirlo me reprimo,
no respiro,
o al menos desearía no hacerlo,
¿cuándo te vas?
¿o es que querés que te acompañe en tu partida?

Cartas para nadie # 2

Mi desapego no dejó acercarme, aunque siempre estuviste ahí, preferí evitarte. No sé si habrá sido la mejor decisión, sólo sé que eso es todo lo que (no) hay, nada más, nada menos. Ya no me reprocho, tampoco me enorgullezco, simplemente me resigno… me alejo, alejo mi caos de tu paz, alejo mi sombra de tu luz… te alejo… ¡ALEJÁTE! Aunque la sonrisa estúpida que se me dibuja al verte diga que te quedés, ya no quiero que te acerqués: un alma desordenada se reprocha (por no sentirse digna de tal honor) una presencia tan sublime como la tuya.

“Me daña lo que quiero”2105PSICOLOGIA01-1063x589

Originalidad (relativa)

Yo no quiero llegar a ser el resultado de las expectativas de quienes me rodean, no quiero que mi voz sea el eco de las voces que me reprimen, aun sabiendo que no existe la individualidad absoluta, y es que toda originalidad no es más que una forma no intentada de mezclar ideas ya formuladas. No pretendo desechar las enseñanzas que me ha dado mi corta existencia, sólo ser más selectivo: no cualquier palabra merece ser escuchada, no cualquier consejo debe ser puesto en práctica, no cualquier idea puede reproducirse… ningún arquetipo puede determinar la manera en que llevamos nuestras vidas, aunque parezca el camino más fácil, desarrollar originalidad es más entretenido, más enriquecedor, más satisfactorio, más responsable.

Cartas para nadie # 1

Esta noche te tengo en mi mente, no te puedo sacar, no quiero que te salgás.

Quisiera que en este momento mi pensamiento se concretara, así te tendría frente a mí, y podría expresar todo lo que me hacés sentir, podría soltar todo este nudo de palabras que se me enredan con cada mirada cruzada.

¡Quisiera que supieras, quisiera que entendieras! Que pudieras entender el lenguaje de mis ojos, que aunque titubeen y se muestren evasivos y nerviosos, tratan de expresar la curiosidad que despertás en mí, mujer misteriosa, interesante y cautivadora, el interés que siento hacia vos, el enorme deseo que tengo por conocerte, conocerte en tu cordura y en tu locura, en tu dulzura y en tu amargura… ¡explorar tu mente, explorar tu ser!

Mujer, te has metido en mis pensamientos: me hacés olvidar mi opaca tristeza, porque esta noche en mi mente sólo existe el brillo de tus ojos.

Este suspiro que pretende alcanzarte

Perdón por ocultarle a tu mirar
mi curiosidad de conocerte, de explorar tu ser;
perdón por no dar ni una señal
del remolino de emociones que desatás en mí;
perdón por no expresar palabra alguna
cuando te tengo de frente, por evadirte.

He de decir que lo aparente sólo es un engaño,
cada mirada tuya que evado
representa mil observaciones hechas a tu andar descuidado,
cada palabra que callo
oculta mil palabras escritas por mi para vos.

Cada silencio es un suspiro,
cada suspiro es una parte de mí
que intenta escapar ahí,
donde estás vos…
donde no estoy yo.