Desahogo # 44

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Si trato de mantenerme ocupado en el mundo exterior la mayoría del tiempo, es porque eso me ayuda a no hundirme en mí mismo, en ese hoyo que parece no tener fin y que me hace experimentar ansiedad e incertidumbre. Es preferible mantenerme en la superficie de mi ser, que adentrarme en las profundidades misteriosas que en mi interior se alojan. Aunque he de confesar que no puedo evitar sentir curiosidad de explorar esa oscuridad, y es por eso que de vez en cuando me olvido del mundo y me vuelco hacia mí, exploro mi universo interno, me voy al infinito y más acá… y descubro que allá afuera no hay nada que no esté acá, porque todo está en mí, el todo soy yo, y yo soy todo.

Con los pies sobre la tierra

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En estos tiempos llenos de histeria colectiva, manipulación y desinformación, creo que lo más sensato que se puede hacer es ignorar, en la medida de lo posible, todas esas ideas que el entorno mediático trata de transmitirnos y que no sirven más que para alejarnos de nuestra realidad, para desenfocar nuestra atención de lo que realmente nos pasa a nosotros en nuestra vida cotidiana. O más que ignorar, cuestionar todo aquello que se nos presenta en las pantallas. Y con ello no quiero decir que los grandes problemas de los que se hablan en los medios carezcan de importancia. Sólo es que creo que mientras más amplios sean los temas que se traten, mayor es la posibilidad de que la información que se nos presente se encuentre manipulada a beneficio de intereses de los que uno ni se entera. Es por eso que, al pensar en la realidad y al dar alguna opinión sobre ella, prefiero remitirme a mi cotidianidad, a los problemas concretos que afectan directamente a mi existencia, pues de ellos tengo un mejor conocimiento y una más vívida experiencia.

La soportable insignificancia del ser

Textos Dispersos: sobre Soir Bleu de Edward Hopper (o la portada ...

 

¡Nada importa!, y no lo digo sólo por decirlo, sino porque realmente es así, al menos en la escala humana del ser.

Trato de tener en cuenta eso tanto en los buenos como en los malos momentos, para no sobredimensionar ni mis alegrías ni mis tristezas, que no son más que las impresiones exacerbadas de eventos y fenómenos realmente insignificantes.

Impresiones que no son más que procesos cerebrales ocurriendo dentro de un organismo tan pequeño, tan insignificante, como lo soy yo.

Y ese pensamiento me mantiene sereno, porque me ayuda a poner los pies sobre la tierra, a recordar que no importa la “gravedad” de mis problemas, la “profundidad” de mi tristeza, la “grandeza” de mis alegrías, la realidad universal no se verá influida ni en lo más mínimo por lo que me pase o me deje de pasar, ni mis llantos ni mis alegrías influirán en el curso natural de las cosas.

La insignificancia del ser humano puede ser una desgracia, pero para mí es un consuelo, el más grande quizás.

Abril/2020

 

¡Qué mes tan intenso! O más que intenso, sorpresivo, inesperado… precipitado.

Estoy casi seguro que nadie, absolutamente nadie veía venir esto que, más que una pandemia, es la manifestación exagerada de nuestros tiempos, algo así como una explosión de todo lo que como humanidad habíamos venido acumulando a lo largo de este siglo, y desde más atrás. Quizás nadie se lo esperaba, pero muchos ya lo presentíamos, quizás no de esta manera, quizás no en este momento… pero tanta explotación, tanta mala vibra, tanta energía negativa no podía circular por el mundo sin tener repercusiones.

Pienso en eso por momentos, pero a veces en medio de todo el caos (un caos opuesto a la idea que se tiene de caos, un caos que no es como una explosión, un caos que implosiona y nos mantiene refugiados, obligadamente refugiados) a veces me pregunto si esto es real, o sólo es otra manipulación de la información, en temas que, aún en esta “sociedad de la información”, se guardan con mucho recelo, pues tienen un gran potencial de manipulación sobre las masas ignorantes como lo somos nosotros, que sólo nos informamos por medio del espectácular y maleable internet, esa fuente de información tan desconfiable y sospechosa.

Ya no sé que pensar, mi mente divaga entre una y otra dirección: mi lado espiritual se inclina a creer que tanta maldad humana necesitaba se retenida y reprimida, y que las condiciones naturales se encargaron de crear todo esto; pero mi lado escéptico me lleva a pensar que esta situación no es natural, sino una creación humana, una manipulación de la realidad a antojo y beneficio del poder invisible que nos domina y nos vigila

Y quizás no debería de preguntarme tanto por eso, si al fin y al cabo aunque piense de una u otra manera, o aunque piense de ambas maneras, y aunque ambas maneras tengan un poco de razón, nada de eso va a cambiar las cosas, hasta que algún científico “encuentre la cura”, o hasta que al poder invisible le den ganas de dejarnos salir libremente de nuevo.

Pero, para mi gracia y/o para mi desgracia, no puedo dejar de pensar, de cuestionarme la realidad, es lo único que me mantiene cuerdo en este revoltijo irracional, en este caos global…

Inundándome.

Me trago mis llantos, porque me cansé de dar lástima. Me trago mis llantos, porque todo en este mundo es banal, y nada vale tanto la pena como para despertar mi valiosa tristeza. Me trago mis llantos, porque el silencio es el mejor compañero de mis penas. Me trago mis llantos, aunque me dejen el paladar amargo y el espíritu asqueado, porque a nadie le interesa el sufrimiento ajeno.

Sin amor

Mi felicidad es un error,
Mi corazón es un tumor.

No nací para el amor.
O el amor no nació para mí.

No lo sé, no importa.
El orden de los factores no altera el producto.

Y el producto siempre resulto ser yo,
Solo.

Soledad que al principio dolía,
Pero que con el pasar del tiempo se volvió rutina.

Luis Miravitlles I

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“Así como el Homo Sapiens supo dirigir la mirada hacia el frente, se alzó sobre sus pies y se lanzó a conquistar el mundo que le rodeaba, así el Homo Cosmicus, el que se ha ganado el lugar que ocupa en esta época, debe saltar las barreras que encierran su espíritu en estrecha cárcel construida de estúpidos y mezquinos afanes de propiedad y lanzarse sin ningún temor al asalto de este gran Imperio que se abre ante sus ojos: el Imperio del Sol”.

 

Miravitlles, Luis (1969), Visado para el futuro, Salvat Editores S. A., México.

Felicidad


La felicidad que más me gusta es esa que surge de la nada, esa que no está condicionada por ningún factor externo, esa que viene al mundo sin ningún sentido, como el viento que me rodea, como las estrellas que decoran la noche.

Amo los momentos en los que mi felicidad no depende de nadie, ni siquiera de mí mismo; yo sólo soy un simple medio que ésta utiliza para materializarse en este mundo podrido.

Este mundo no merece una felicidad tan pura y perfecta, es por ello que tan rápido como llega tiene que marcharse… y aquí me quedo yo, queríendome ir con ella.